
Me despidieron hace poco en la parada del bus. Subí a este y pude ver todavía a esa persona esperando a que el vehículo reiniciara su marcha, mirándome. Ya nos habíamos despedido, pero sus ojos reflejaban un extraño brillo que, en ese momento, solo pude advertir como un ligero escalofrío.
Esa mirada quedó grabada en mi memoria hasta ahora que pude comprender lo que tal vez encerraba: nostalgia. Esa nostalgia de quien tiene por un momento a una persona a la que quiere al lado y sabe que esta cercanía es una ilusión, pues es sólo física. Esa nostalgia que encierra un ligera alegría por esa presencia y, sin embargo, una triste despedida como final.
Un mundo de sensaciones y anhelos en una simple mirada... que muchas veces esquivamos o ignoramos, para refugiarnos quizás de aquello que quiere transmitirnos. Quizás por avergonzarnos, quizás por miedo a conocer al otro, a conocer ese otro mundo que se ofrece a nuestros pies, a nuestro afecto.
Pero nuestra propia alma no permanece indiferente a ese brillo, y tan pronto bajamos la guardia se yergue insolente a impactar en nuestro ser más profundo. Y es ahí cuando nuestros ojos ven, ven por primera vez claramente, ven aquella esencia de la que está hecha el otro, para bien o para mal, y reaccionamos ante ella.
"Los ojos son las ventanas al alma"... si es así, ¿podríamos acaso abrirlas sin temor para llegar al alma de las personas que se ofrecen a entrar en nuestras vidas? Si aprendiéramos a mirar más allá de estas ventanas, no sufriríamos desengaños, traiciones, deslealtades, sino que estaríamos rodeados de seres que vibren con nuestra propia esencia.

me siento tan identificada con lo que escribis, es que las mujeres utilizamos la filosofia de Siento... luego existo, y esto nos conecta de manera profunda
ResponderEliminar